
La joven de cabello oscuro esperó al muchacho en la sala. Era la sala de estar "típica" de una persona sola, pero no de un hombre. Era limpia, clara, ordenada y... olía a productos de limpieza a base de cítricos. El ventanal gigante mostraba un crepúsculo, casi anochecer color vino tinto, violeta y azul marino. Ella estaba sentada sobre un cojín blanco en el suelo de piso flotante que brillaba de aseado.
- ¡Listo! Aquí está- anunció el chico asiático, entrando a la sala con una guitarra en la mano. Ella sonrió.
Él se sentó en el pequeño sofá, ensayó algunas notas...
... Kimi wo dakishimeru chikara ga tsuyoi no wa ... Kotoba de tsutaekirenai boku nari no ai ... Ima sugu ienai keredo kono afure dasu omoi... Todokeru kare ne ...
La voz del muchacho era suave, la canción aunque estaba en japonés parecía hablar del amor... de observar el cielo, de nunca separarse... y de expresar un cálido cariño...
Cuando dejó de tocar le preguntó a ella.
-¿Que te pareció?
- Es muy linda... hasta tierna¿Propia autoria?
Él asintió.
- Gracias... por compartirla conmigo- agradeció ella, sinceramente.
El joven sonrió con los labios y con sus ojos de coreano. Pequeños pero dulces como azúcar. Se acercó a ella y le dejó un beso en la frente, respirando de una sola vez el aroma a mora y rosa blanca que despedía. Ella inhaló la escencia maderosa-fresca de su cuello y cerró lo ojos, agradeciendo a Dios que aún quedaran personas sin malas o dobles intenciones y que, a su manera, fueran perfectos...
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