lunes, 27 de septiembre de 2010


Los potentes focos iluminados en azul del centro comercial se movían en vaivén, intentando crear un efecto hollywoodense el el cielo nocturno de aquella pequeña ciudad.
En el alto techo, con la suave brisa del invierno bailándole algunos de sus cabellos claros y helándole las mejillas redondas y sonrosadas.
Unos pasos se acercaron por su espalda, mientras dos brazos la envolvían por el vientre. La joven miró los ojos negros que penetraban los suyos, acaramelados. Hundió la cabeza en el hombro fornido del muchacho moreno.
- Tranquila, amor... Todo pasará... - calmó él, con su voz poderosa de tenor. La miró, envolviendo las manos en sus cabellos castaño claro. Los ojos de la chica lucían hinchados, pero hermosos al criterio del joven.
- Gracias.. por estar aquí...- murmuró, en sollozo.
- Siempre estaré aquí para tí, cariño.
Ella sonrió.
- Tengo miedo... de no volver a verte... y de no...- palpó su pecho- poder sentirte...
El muchacho apretó la punta de la nariz de "su niña" con los labios.
- Dios no nos separará...
-Pero si...
-Shhh...- la pequeña casi se derritió con ese silencio- Aunque así fuera... movería los volcanes para mirarte una vez más.
La atrajo hacia él... y aún sollozando, ella aceptó el beso.
Las estrellas fueron espectadoras esa noche y la Luna arrulló aquel joven amor que... difícilmente se diluiría en el mundo.


Para mi hijita mayor... Vane, te adoro... ( siento mucho el atraso) u___u


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