
Llego a tu espalda, la toco... la oprimo. Arrugo tu chaqueta, tu polera azul... hundo mis uñas en tu piel y diez pequeñas medialunas quedan perforadas en ella...
- Dime que es mentira... Dímelo... Dímelo... Por favor... Ya no aguanto...
Te mantienes inmóvil, no te mueves. Te tomo por los hombros y te remezo. Con fuerza, con impotencia... pero podía hacerlo...
- Háblame... Te lo suplico... Dime que nada de esto es verdad...
Choco mi cara en tu espalda, justo en medio de tu columna... y estoy llorando... Lleno de llantos, sollozos, gemidos... y la golpeo con fuerza... pero da a poco se van pausando las agresiones...
- Respóndeme, por favor te lo pido...
Y por fin te vuelves. Levanto mi cabeza con los ojos hinchados, mojados y muy tristes. Los tuyos, marrón-oscuro me observan, me contemplan, me revisan... Tú y tu cara llena de ternura, de paz... de suavidad.
Me abrazas y me acorralas entre tu pecho, tu vientre y tus brazos. Escondes la cabeza entre mi cuello y mi hombro...
- Te amo... Nada es verdad... Tú eres la única para mí... Ayer, hoy mañana... Siempre... Yo pertenezco a ti. No puedo ni quiero apartarme de ti. Yo estaré aquí siempre...
Yo también te abrazo... Este se hace cada vez más apretado... uno de mis huesos cruje de manera placentera...
*Siempre estaré contigo*
No hay comentarios:
Publicar un comentario