
La lluvia caía pesada sobre el gris Quilpué. La gente iba desapareciendo de las calles y las que quedaban iban a paso rápido sosteniendo sus paraguas. Nadie se fijaba en mí... necesitaba que nadie lo hiciera. Corría, corría sin parar, ignorando lo pegajoso de mi boca, el peso de mis piernas, para alejarme de todos aquellos que pudieran y quisieran bombardearme con preguntas y apoyo. Metiches e inútiles curiosos.
Estilaba de las cabeza a los pies con las mechas rizadas, la chaqueta del buzo húmeda, el maquillaje ojerudo en mis párpados, los calcetines empapados y el rostro salado.
Después de mucho correr me agoté. Pero aún lloraba, ahogando los alaridos con mis palmas. Suplicaba que la lluvia me despertara. Caí arrodillada al lado de la pileta de la plaza del centro. Rogaba que nada fuera verdad, sino solo un mal sueño, algo inventado por mí.
Esperaba sacar de mi cabeza sus manos entrelazadas, sostenidas acariciando mutuamente los cabellos, las pieles del otro. Cortar de mi cerebro aquel beso romántico y veloz que esperó durante tanto ser formulado, las miradas de amor recíproco, el abrazo cálido... tantos momentos que deseaba que fueran míos. Ser yo la protagonista. ¿Tan mala era? ¿Tanto era pedir que un instante de esos fuera para mí? ¿Para aliviar el dolor y la angustia acumulada hace tanto tiempo en mi garganta? Sí, seguramente pedía demasiado... pero también estaba sufriendo mucho.
Quería dejar de sentirme mal, dejar de pedir al Cielo aquello que no se me daría, al menos, por ahora. Pero podía y quería seguir llorando, recreando los recuerdos en mi cabeza y que la lluvia refrescara mi tristeza. Cubrí mi cara con los brazos en el borde de la pileta... Dejé de sentir la lluvia encima mío. Me enfadé un poco. Alcé la mirada, borrosa. Alguien sostenía su paraguas en mi cabeza... Lo conocía... Sus rasgos gruesos, la piel morena, el cabello color uva en algunas partes y el polerón con el logo TRANSFORMERS . Envolvió el paraguas, se agachó para sujetarme y me puso contra su pecho seco. Me sostuvo por la cintura y acariciaba mi pelo. Me bloqueé por unos instantes... lloré nuevamente...
Agradecía tanto llorar en alguien que me daba reales esperanzas...
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