La encontré arrodillada en eso suelo, con el dorso de su mano pegado al rostro por donde rodaban decenas de pequeñas gotas de agua.
- ¿Mi niña...?
Levantó el rostro mostrándome sus grandes ojos oscuros hinchados, rojos, húmedos... tristes.
- Mi amor... ¿Qué pasó? - me quebré al verla... en donde sólo atiné a caer ante ella, abrazarla y consolarla sobre mi regazo.
- Me acaban de tirar... una raza de café en el pecho.
Y me di cuenta... que más allá de limpiar sus lágrimas con mi delantal rosado... no podía hacer nada más.

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