domingo, 17 de julio de 2011

d u e l e

¿Maquillaje?¿Seda?¿Horas pasando un cepillo por mi cabello?¿Tiempo ante un espejo?¿Joyas en mis muñecas? Duele... duele hacer todo esto. Duele intentar mejorar lo que simplemente no se puede mejorar. Una muchacha de cabello ondulado oscuro me mira fijamente a los ojos en el reflejo. Sus mejillas son rosadas y unas pecas castañas le pintan el rostro. La puerta de la habitación se abre y es ella... tan grácil, tan muñeca, tan perfecta; sus labios finos y delicados como un durazno crean la sonrisa más dulce. Ella desaparece nuevamente. En mis manos sostengo sombras de mil colores, labiales con aroma a frutas y en el lavamanos frascos y frascos de perfumes se van acumulando, esperando ser rociados en mi cuello. Una cadena de plata está a punto de abrocharse en mi garganta... y todo cae contra el suelo creando un ruido sordo. Todo se quiebra, se rompe; queda inutilizable... al igual que mis efímeras esperanzas.

¿Por qué la vida se empeña en mostrarme mi incómoda realidad?

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