sábado, 19 de noviembre de 2011

A eso vino


De mis ojos castaños brota un molesto líquido salado y caliente ¡Detesto que aparezca!... pero supongo que era hora ¿no? bebo un café casi helado. Busco los libros y los apuntes que me ayudarán para enfrentar una nueva realidad en unas semanas más. Me siento impotente... quiero que las cosas marchen bien... pero no siempre las cosas resultan como esperamos ( y eso es lo que nos da el valor para no rendirnos) y me resigno al hecho de que seguiré llorando.
Me pongo de pie. Abro las colchas de mi cama... y me quedo paralizada. Unos brazos me aprietan. Son delgados, blancos, pero ¡vaya que son fuertes! Un aroma a loción masculina y a asiento de bus me despierta los sentidos

- ¿Muy cansada?- pregunta de manera ahogada.

- ¿A qué viniste?- que tontas eran mis preguntas.

¿A qué vino él aquí?¿Abrir la cama?¿Mandarme a que me colocara el pijama?¿Servirme un café y unas galletas de chocolate?¿Acomodarse a mi lado y comenzar a leer todo lo que necesito?¿Abrazarme?¿Besar mi cabello?¿Susurrarme todo estará bien. No te estreses tanto?
Lo miro a los ojos. A sus enormes ojos marrones.

Sí, a ESO vino.

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