La muchacha de cabellos
negros despertó con el Sol naciente quemándole los hombros. Sonrió
enternecida al encontrar a su lado a la razón de su inspiración, a
su musa, a la chica con cabellos de fuego. Su pecho subía a bajaba
al suave compás de su respiración; le hubiera acariciado su mejilla
pero el miedo por despertarla era muy grande.
- Miau!
- Miau!
Giró la cabeza,
encontrando una figura felina al otro lado del cristal de la ventana.
Se levantó con cuidado, envolviéndose con una sábana blanca el
cuerpo; abrió la vieja ventana y tomó al gato negro en sus brazos,
aprisionándolo con su pecho.
-Buenos días, Topacio. Gracias por tu cuidado.- El felino de ojos amarillos
-Buenos días, Topacio. Gracias por tu cuidado.- El felino de ojos amarillos
ronroneaba gustoso
mientras ella le acariciaba las orejas; volvió a sentarse en la cama
sin dejar de acariciarlo.
- Un lindo domingo ¿verdad? Podríamos…
- Un lindo domingo ¿verdad? Podríamos…
Unos brazos le abrazaron
por la cintura, dejando un beso en su hombro.
-Buenos días.
-Lo siento… no quería despertarte.
-Buenos días.
-Lo siento… no quería despertarte.
La muchacha de cabello
rojo le giró el rostro y le besó con dulzura..
-Me desperté antes que tú. No te disculpes.
-Me desperté antes que tú. No te disculpes.
Ella le sonrió con los
labios.
-Mira quien nos vino a ver.
-Topa! Lindo…- el gato ronroneaba al sentir cuatro manos darle cariño- Cosita… Debe tener hambre.
-En mi bolso hay un pan…- dejó a Topacio en el lecho y abrió la mochila en el suelo para sacar la comida.
- Toma…- pedazo a pedazo se lo fue dando desde su mano, mientras que su compañera de pasiones le acariciaba la espalda con delicadeza.- No tengo pan para ti.- Su amante rió.
-Yo quiero un beso.-La mayor se giró para mirarla. Le envolvió la cabeza con una mano y le cumplió su deseo.- Estuvo… bien.
-¿Bien?¿Sólo eso?
-Yo hablaba de…- enredó sus pecosos brazos al cuello de su amante, besándola con pasión, acorralándola contra el colchón y dejándola sin aire-… eso.
-Mira quien nos vino a ver.
-Topa! Lindo…- el gato ronroneaba al sentir cuatro manos darle cariño- Cosita… Debe tener hambre.
-En mi bolso hay un pan…- dejó a Topacio en el lecho y abrió la mochila en el suelo para sacar la comida.
- Toma…- pedazo a pedazo se lo fue dando desde su mano, mientras que su compañera de pasiones le acariciaba la espalda con delicadeza.- No tengo pan para ti.- Su amante rió.
-Yo quiero un beso.-La mayor se giró para mirarla. Le envolvió la cabeza con una mano y le cumplió su deseo.- Estuvo… bien.
-¿Bien?¿Sólo eso?
-Yo hablaba de…- enredó sus pecosos brazos al cuello de su amante, besándola con pasión, acorralándola contra el colchón y dejándola sin aire-… eso.
Y como las hormonas y el
amor no tienen cerebro y mucho menos razón, todo volvió a ser como
la noche anterior… mientras Topacio tomaba su pedazo de pan y se
escapaba por la ventana para darles a sus “amas” algo de
privacidad.

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