jueves, 29 de agosto de 2013

Óyeme. Respóndeme

 
 
 
Te busco. Te busco. Te busco. Y es en vano, porque tú estás aquí.
Pido respuestas. y es en vano porque tú me las das.
Óyeme, estoy clamando desesperada a tí. A tu manifestación...
Mira mis lágrimas, mi clamor agotado y el dolor que nace desde el interior de mi corazón.
Tú que me ves en lo alto de tú trono.
Oh, tú! Juez del mundo, Señor de todo lo creado, Padre paciente.
Padre oyente, protector y corregidor.
¿Qué estoy haciendo mal? ¿Qué es lo que buscas, realmente, de mí?
¿Un corazón humillado?¿Una conversación en lo más intimo de mi hogar?
Pienso y pienso... tú lo sabes. Yo no lo sé.
Guía mis pasos.
Dame el entendimiento.
Dame tus ojos.
Dame tu boca y tu lengua para hablar.
Me postro de rodillas, gritando tu nombre al Cielo,
Reconociéndote como el único que puede conocerme,
como el único Grande de la tierra.
Como el único que puede amarme a pesar de las circunstancias.
Quien conoce de mí hasta lo que yo desconozco.
¡Oye mi clamor, Jehová de los Ejércitos!
¡Inclina tu oído a mí, Adonai!
He aquí, una hija dispuesta a escuchar tus palabras,
tus consejos,
 y tus retos.
Dispuesta a soportar todo que me digas...
porque yo no lo sé.
No sé qué más hacer.
Óyeme.
Guíame.
Háblame.
Y quédate conmigo, aunque el suelo se parta en dos
o
del cielo llueva fuego.

 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario