Me levanté de la mesa sin tocar el chocolate caliente que me ofreciste.
Tu mirada seguía puesta en mí con la misma preocupación maquillada de calma con
la que me recibiste anoche cuando llegué llorando a tu puerta. Tomo el bolso
del respaldo y me dirijo a la salida, mientras tú me sigues sólo unos pasos más
atrás.
Estoy a punto de girar la manilla
pero me detengo.
No quiero volver a mi ciudad.
No quiero saber qué me espera.
No quiero irme de este puerto único.
No quiero alejarme de la seguridad que me das.
Cierro mis ojos, posándome contra la puerta. Las lágrimas se escapan
entre mis pestañas, mientras tus brazos me envuelven el vientre. Giro y me
escondo en tu cuello.
- Abrázame…-me aprietas un
poco más.- Abrázame que debo enfrentar al mundo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario