No supe cuándo llegué a esa habitación; las ventanas con cortinas blancas, plumas del mismo color flotando alrededor...
Tú y yo en pijamas.
Tú cantabas, no sé cuál canción, pero cantabas... mientras yo te acariciaba el rostro con cuidado.
Era una canción bien entonada; sonreía y podía mirar tus ojos. ¡Hasta podía sentir el aroma fresco de ti!
Hablábamos de dinero, puedo recordarlo bien: te contaba que con mi último sueldo planeaba guardar para los pasajes de la universidad... pero, al final, la gastaba en otras cosas.
Tenías el cabello más largo, tus manos jugaban entre las mías y tu acordeón.

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