viernes, 11 de junio de 2010

Evacuation London


Esa fue la última vez que sentí un bombazo de semejante magnitud. Me asusté, como nunca antes me había asustado, a pesar de que ya me había acostumbrado. Quizás era por que estaba dentro del refugio armado y confeccionado por mi tutor y no en mis frazadas, mi cama, mi habitación, mi casa. Ahora estaba en un colchón de espuma, destartalado y una simple manta que fue blanca en su tiempo, protegiéndome.
Lloré, lancé mis lágrimas retenidas en mis lagrimales por años... ¿Estaría todo igual cuando regresara? La única luz que podía ver en medio de esa oscuridad era la de los aviones viajando buscando un arreglo que jamás existió, ni existía, ni existirá...

- Aquí tiene el número, la dirección y la estación- dijo un militar de pelo claro, edad media pero de rostro curtido.
- Gracias- dijo mi tutor, recibiendo los papeles. A su edad no podía estar peleando. Sus respetables años le había impedido llevar a cabo semejante horrible hazaña.
Mientras él ataba al ojal de mi chaqueta burdeo un papel, vi la infinidad de cabezas de todos los colores posibles, madres, abuelas despidiendo a sus hijos en el andén: únicos, mellizos, trillizos grandes, pequeños, niños, niñas... ¿Cuál sería el futuro de todos ellos?¿Cuál sería el mío? Espera que ese tren respondiera a mi pregunta, pero de limitó a pitar y echar humo. Ya era hora.

- Querida, por favor, pórtate y que estés bien.
- ¿En serio quiere eso?- pregunté algo irónica
Sonrió. Como hacía meses que no lo hacía.
- Inténtalo. Es la primera vez que estará fuera y lejos del hogar - suena el pito el tren - Adiós, pequeña.- Me abraza suavemente.
. Adiós, Gracias y que Dios le cuide y proteja.
- Y que te acompañe siempre.
Subí al tren el final con los demás niños. Volví la cabeza pare verle una vez más... Y el meneó su mano a la altura del sombrero. Sonreí... yo jamás le olvidaría...
Entré a un compartimiento vacío. El tren empezó a traquetear lentamente. Pasé del gris, al blanco, al amarillo, al ocre, al verdoso tierra, al verde... Los colores que veía desde Londres hasta las campiñas de la península británica. Salí del compartimento, pero no puede avanzar dos pasos, por que mis ojos tropezaron con un rostro casi plasmado en el cielo. Sus ojos eran oscuros con un brillo acebo, sus mejillas limpias y blancas, sus labios como el jugo de las frambuesas. Alto, de cuerpo fino cubierto por un traje marrón y sus zapatos negros. En esa época ¿Una tenida así?
Él tampoco sacó los ojos de mi rostro. Casi sentí sus pestañas acariciar mi cara, peinar mi vestido color vino tinto... El tren empezó a detenerse... sin saber que nosotros dos nos bajábamos en esa estación y nos dirigíamos al mismo lugar...

¿Realmente la única luz de mi destino eran las de los aviones que atravesaban el cielo buscando una igualdad que jamás existió, ni existía, ni existirá?

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