
El Sol amarillo brillante, iluminaba toda la costa... que, curiosamente, estaba sola. Las pisadas de ambos jóvenes se marcaron en la arena... blanca como cal y fina como harina. El cielo turquesa sólo pintaba al azar unos trazos de nube...
A la joven se le apretaba el corazón dentro del pecho... entre hablar y no... Él, sonreía como hacía mucho que no lo hacía, ahora sus dientes brillaban de alegría real, sus ojos no eran ni esquivos y estaban a la defensiva, Su corazón, que muchos creían congelado y duro, ahora era de carne... y ¡latía! Estiró su brazo color canela hasta tocar la mano blanca-bronce de la joven que iba a su lado... Pero se preocupó cuando sintió la mano de su... compañera, fría. La detuvo
- ¿Estás bien?- preguntó con preocupación... Jamás pensó sentirlo alguna vez.
Ella lo miró, indefensa y.. con algo de miedo.
- Por favor... ¡Dime que pasa!
Ella bajó la mirada y le tomó la otra mano.
- Tengo que decirte algo... Pero temo a tu reacción... Tengo miedo a que esto nos separe...
Al muchacho moreno le vino una descarga de sangre por la venas. No... no iba a dejarla ir... Esto le había costado mucho tanto a él como a ella.
- Te prometo que no me alejaré de tí... Sea lo que sea.
El corazón de la joven se calmó. Volvió a mirarlo y sus iris se fundieron en la mirada profundamente oscura del muchacho.
Se acercó a su rostro y besó su mejilla. Acalorada y suave... Él sonrió, como si la persona que le hubiera besado fuera la paz personificada.
- Acompáñame...- le pidió la muchacha. Él la siguió... hasta donde el agua mojaba la arena.
Ella lo soltó y de un veloz movimiento se tiró al agua. El joven quedó extrañado, mirando la figura acuarelada de su niña. Pero le impactó más verla salir del agua.
Un sinfín de escamas liláceas y tornasoles le cubrían el pecho, parte del vientre... y no tenía piernas. En lugar de eso, había una larga y hermosa cola de pez. Las ropas simples, pero que en ella se veían únicas, habían desaparecido. La joven se acercó a nado hasta donde estaba él, mientras que el joven se ponía en cuclillas.
Ella le miró, esperando aunque sea un balbuceo... Pero él no limitó su sorpresa... ni su sonrisa.
- Es... ¡increíble!
- No piensas que soy... ¿un bicho raro?- preguntó pasmada.
- ¡No!- exclamó él, negando con la cabeza- es.. te ves muy linda...
La muchacha se sonrojó levemente. Miró sobre su hombro la gran masa de agua, volvió a mirarlo y lo tiró de un brazo... Empapando su jeans limpios, la polera, la camisa color perla, junto con el sombrero. Rió.
- Pero... pequeña... No sé aguantar el aire...
Ella se acercó a él, ambos sonrojados a hervir y le dio un beso suave y breve.
- Ahora sí.
Tomados de la mano, recorrieron el océano, azul, misterioso, mágico y frío... Perfecto para esas altas temperaturas.
Ella le mostró las anémonas multicolores, rocas, peces de todos los tipos y tamaños, guijarros negros y blancos, medusas celestes, corales naranja y rosa, delfines, cangrejos color salmón... Todas aquellas maravillas que, el aire le había negado.. Parecía que las manos se apretaban a medida que se movían, así que él se aferró a su cintura, fría y suave... y ella a su cuello, tibio y esbelto. Las otras manos sirvieron para empujar el agua... Ella se había convertido en la dueña del corazón de él. Un corazón desesperado por pertenecerle a alguien, pertenecerle de verdad, dejando a un lado el glamour, el estilo y toda esa burbuja barata que lo envolvía... y él se había vuelto su otra mitad. Una de esas mitades ya estaba llena, pero faltaba la otra. Esa que en muchas ocasiones había sido ilusoria, "entregada" y restregada un centenar de veces por el suelo, hasta que él la conoció...
Él lo sabía... pero ahora estaba totalmente seguro... ella No era una chica ordinaria...
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