Los asistentes se retiraron, los músicos bajaron, los cantantes recogieron los regalos, las luces se apagaron, el frío se hizo presente, la Luna azuló las gradas, el micrófono se apagó en tu mano . . .

... Y te ví solo en el
escenario. Con tus ojos castaños perdidos en la simpleza de mi silueta y los míos extraviados en el brillo de tu imagen . . .
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