miércoles, 16 de marzo de 2011

Kilos


Limpió el sudor de su sien, los restos avinagrados de sus labios y se miró al espejo. Sí, su "esfuerzo" iba dando frutos... pero aún le faltaba, a su juicio, mucho por trabajar.
Su rostro estaba más pálido, los ojos hirritados de la fuerza que hacía, los huesos de sus mandíbulas ya se notaban, incluso sus dedos parecían más frágiles. Buscó en el bolsillo de su pantalón una huincha amarilla grabada con números rojos y la ató a su cintura. 3 tallas menos... pero no... no era suficiente.
Se arrodilló una vez más frente al retrete que escondía todo el arduo trabajo que hacía cada día.
En el desayuno, escondía los panecillos en su mochila y se los daba a los perros camino a la universidad. En los ensayos comía con gusto las golosinas que se repartían en los descansos. Luego que todos se iban, corría al baño a deshacerse de ellas. Incluso la cantidad justa de agua que bebía para calmar su sed iba a parar al retrete.
Honestamente, la estaba pasando mal, pero ese pensamiento nunca vagabundió en su mente. Las cosas que estaba haciendo... eran para agredarle a "él."Su líder, su razón de vivir. le gustaban las chicas delgadas y final de cuerpo y bueno él no estaba del todo perfecto a los ojos de su chico.
Introdujo los dedos en su garganta. Sus costillas se apretaron para dar`paso a una mazamorra de alimnetos y líquidos ácidos que cayeron al agua del baño. 1... 2... 3 veces.
Cansado, agotado y un sabor amargo juntándose en su boca, volvió a intentarlo una vez más; pero no pudo.
La puerta del baño se abrió, unos brazos fuertes lo sostuvieron del vientre, jalándolo hacia atrás. Una bochetaba fuerte y caliente daba de lleno en su cara. Frente a él, con una ira incontenida y el rostro rojo, su líder lo miraba.
- ¿Estás enfermo?¡¿qué crees que haces?! ¡Imbécil!
El chico de aspecto frágil y cabello rubio lo miraba impresionado. No podía creer que estuviera ahí...
-¿Cómo lo..?
El chico de pelo negro liso, traía en su manos paquetes de dulces sin abrir, papeles impresos de dietas diversas y fotos de cantantes con un físico raquítico.
- ¿Por qué?¿Por qué haces esto?- el castaño sollozaba, desesperado por hallar respuesta.
El doble de un rapper le arrancó las cosas de la mano.
- ¡No te metas! Déjame sólo...- se volvió para devolver lo que ya no tenía en el estómago. No alcanzó a apretar su lengua, cuando unos labios le sellaron la boca.
Ahí, en las baldosas heladas del baño, ambos chicos se unieron en un beso. El superior no mostraba signos de asco al saborear lo amargo y ácido en la boca del otro.
Era una sensación inexplicable. El líder de los azules lo mantenía aferrado a él con los brazos, mientras que el pequeño se refugiaba en el calor que le regalaba su amado.

¿Realmente valía la pena seguir perdiendo kilos?

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