martes, 15 de marzo de 2011

Siempre Contigo

Le arrancó la blusa color malva luego de desabrocharle los botones. La tendió en la cama de finas colchas heladas, que con el roce de ambos cuerpos fueron entibiándose. Mientras él repasaba su vientre con los labios, dejando pequeños y tiernos besos en su piel, ella acariciaba sus cabellos cortos y le miraba en forma nostálgica. La luna se colaba por la ventana del hotel, mientras las luces de la ciudad creaban un mosaicos de colores brillantes en el cristal. Los abrazos casi fusionaban los cuerpos de la joven pareja que a esas horas de la noche, sólo podían entregarse un amor y una pasión intensa. Esa noche... no podían parar; si lo intentaban, quizás deberían arrepentirse toda la vida. No era la primera vez que eso sucedía. En el inicio, todo ese rito de amor fué vivido con inocencia; típica inexperiencia de adolescentes. Respiraciones tímidas, caricias previas y sonrisas que mostraban que la vergüenza estilaba por sus caras... pero ya había pasado un tiempo... y ellos ya no eran aquellos niños. Él mostraba una ancha espalda, protectora y bien formaba. Perfecta para defender a la persona que se ama y ella, poseía unas curvas bien pronunciadas que hacían desviar los ojos de los aquellos que salían de la oficina. El muchacho sujetó sus muñecas, firme pero suavemente, mostrando que él mandaba. Hundió los labios en su cuello impregnado en efímero lirio blanco. Aspiró hasta el fondo de sus pulmones aquella esencia... posiblemente no volvería a aspirarla... quizás... Ella se reflejó en en esos ojos oscuros, atrapó sus labios, bésandolos rápidamente, saboreando la húmeda calidez que poseían... debía vivir ese momento, ahora... En un momento la electricidad corporal los congeló. Prácticamente, habían tocado el cielo; pero ese momento... no se comparaba con ninguno de los anteriores. No... esto era totalmente diferente. Decenas de sentimientos iban fusionados en ese acto, en esa acción "indecente" a los ojos del mundo. Emoción, adrenalina, amor, pasión, tristeza, dolor, agonía. En toda la noche no hubo momento de descanso. Los vasos de agua de los veladores estaban secos... la cama no podía estar más desordenada, las sábanas en el suelo y el catre de la cama dejaba una marca de golpes en la pared. Una débil franja índigo aparecía en el cielo, seguida de una color sangre, les indicó que el tiempo había terminado... - Aquí tienes... ponte eso... y ¡abróchate aquí! - Un sujeto vestido de negro le pasaba un micrófono, un audífono y le indicaba el cierre abierto de la chaqueta.- Sales en 6 minutos... y llegó esto para tí.- le era entregada una pequeña caja. Un anillo de plata con el nombre de ella, grabado al interior. - Aquí tiene, señorita. Que tenga un buen viaje... ¡Ah! Esto llegó hace un rato. Es para usted.- un pequeña caja con forro brillante se depositaba en sus manos. Un anillo de plata con el nombre de él, grabado al interior.
I B e l o n g t o Y o u

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