miércoles, 28 de diciembre de 2011

Dulce Retorno

La puerta de mi cuarto se abrió y lo ví. Venía recién llegando de un viaje largo... quizás demasiado exhausto. Yo me encontraba en mi cama, abrazando mis rodillas, amurrada y un poco triste. Puso una cara tierna, una mueca labial acorde a la expresión de sus ojos. Caminó hacia mi cama y se sentó.

- ¿Qué sucede, pequeña?- preguntó suavemente.

Yo no hablé. Estaba molesta y, más amurrada, miré a la ventana. Sentí su mano fría, deslizarse por mi mejilla. Aunque no quería demostarlo, esa caricia era agradable para mí. Muy agradable. Su mano llevaba impregnado su aroma, ese aroma que conocía a la perfección. Madera y rosas rojas. Hacía casi un mes que no lo sentí, y algo se revolvió en mi pecho cuando percibí nuevamente su toque. No me dí cuenta cuando mis ojos se calentaron y la mirada se me puso muy borrosa.
Me tiré a su regazo, abrazándolo con tanta fuerza que creía que podría quebrarle algún hueso. Él respondió gustoso el abrazo, envolviéndome por la espalda como si fuera un bebé. Es cierto, tenía 18 años.. pero para él seguía siendo su "bebé"

- Te eché mucho de menos...

- Mi amor - sus labios besaron mi pelo- yo también te eché mucho de menos.

Y sólo pude sonreír mientras oía los latidos de su corazón.

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