viernes, 17 de agosto de 2012

Un curioso sentimiento


Me sonríes y yo también lo hago. Caminas con el garbo que te caracteriza hasta donde estoy sentada y te arrodillas ante mí. Miro tus manos grandes, blancas pero partidas de frío; las tomo temblorosa, colocándolas en medio de mi pecho. Te sonrojas y bajas la cabeza.. Porque, aunque tenemos la misma edad, tienes aún el espíritu inocente de un niño. No puedo soportarlo y simplemente me acomodo en tu hombro para abrazarte. ¿Es esto un buen sentimiento?¿Realmente tendrá un camino firme y concreto? ¿Me encanta abrazarte! Aunque debo reconocer que me es imposible sujetarme a esa espalda tan firme y dura que te empeñas por desarrollar cada día con lagartijas y cicletadas. Me gusta tu calidez y esa sensación de protección que me das cuando estás conmigo. ¿Qué sentirás por mí? Es una pregunta tonta, ya que nunca había pensado en ti en esta forma. Tu cara está empapada de pintura para camuflaje. No quiero imaginarme cómo te quejaras cuando debas sacarte es oscuro color verde mezclado con negro; no, no te rasques. Yo me encargaré de ello. Te beso la mejilla como siempre lo he hecho y puedo leer en tus pequeños ojos un perfecto e innecesario “Gracias”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario