Y aquí estamos. Hoy es el día tan esperado por ti y por mí. Yo sonrío. Tú sonríes
Ella sonríe.
Ella luce tan hermosa: su vestido blanco, su cabello perfecto, sus ojos claros, tiernos.
Una verdadera princesa.
Tú luces tan único: tu traje negro, tu aroma a madera dulzona, el arreglo floral en la solapa de tu chaqueta, tu sonrisa deslumbrante.
Eres un príncipe. Todo un príncipe de cuentos. Mí príncipe.
Yo estoy a tu lado, dándote mi apoyo en vez de mi amor.
Orando en silencio para que seas feliz con ella y no conmigo. Como debía ser.
Cierro mis ojos.
Años antes te sentaste a mi lado. Tus manos temblaban al igual que tu boca.
- No me importa lo que digan… tú eres la persona que quiero en mi vida y a quien quiero darle todo.- Mis labios se soltaron.
Algunos de nuestros compañeros miraban expectantes la escena desde el otro extremo del jardín de la Universidad. Buscas algo en tu chaqueta y sacas una cajita de terciopelo donde descansa un anillo de acero con tus iniciales al interior- Prometo que… las verdaderas serán de oro…- deslizas el anillo por mi anular derecho. No puedo respirar.- ¿Quieres casarte conmigo y que Dios nos guíe hasta el resto de nuestras vidas?
No puedo hablar de la emoción pero mi cabeza asiente y mi labios van a sellar los tuyos, mientras que los aplausos y gritos de nuestros compañeros se convierten en nuestra banda sonora.
La voz del sacerdote, pidiendo que me acerque, me saca de mis recuerdos.
Tomo la carpeta que te corresponde a ti y la abro para que empieces a leer en voz alta:
Tú eres bella, amada mía
Como los animales del carro de Faraón.
Hermosas son tus mejillas entre tus pendientes
Y tu cuello entre tus collares…
Unas manos invisibles me apretan el corazón, tratando de reventármelo.
El padrino de ella se le acerca con otra carpeta y es ella quien lee ahora con el micrófono en sus labios.
¡Qué hermoso eres tú, Amado mío!
En la verde hierba nos recostaremos.
De cedro son las vigas de nuestra casa,
De cipreses el techo que nos cubre…
Ahora las uñas pellizcan mi mutilado corazón, desmembrándolo…
Y yo sigo aquí. De pie a tu lado.Orando por tu felicidad.
¡Toda tú eres hermosa, amada mía, sin tacha alguna!
Yo soy de mi amado y él es mío.
Yo los declaro Marido y Mujer.
La Iglesia se emociona, llora y grita de felicidad.
Tus besos se los das a ella y ella los recibe gustosa entre tus brazos.
Yo sonrío, aplaudo y río totalmente herida.
Te vuelves a mí, me sonríes y me abrazas, agradecido. Yo sólo respondo, deseándote lo mejor mientras mi corazón se va desmembrando.
Ella se enlaza a tu brazo. Las damas de honor corren a sostener su vestido. Los invitados los siguen. El arroz llueve sobre ustedes.
Mientras yo me quedo en el altar, sola, apretando aquel anillo en mi bolsillo y aceptando…
Que te he perdido para siempre .

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