El cielo comienza a llorar enfriándome el rostro después de muchos días de llanto, rabia y tristeza.
La gente se va, dejándome sola en este horrendo lugar; este lugar que ni a ti ni a mí nos gustaba visitar porque, para nosotros, las personas que han partido están en un lugar más precioso que este.
Me acerco a la placa de mármol que reza tu nombre, fecha de nacimiento y de partida.
No. No. Esto no es cierto.
Tú estás a segundos de llegar, palmearme los hombros y decirme con tranquilidad. "Vamos a tomar un café. Mañana tienes clases y esta lluvia te hará mal! Tus padres se molestarán con ambos si tu salud no es buena".
Los minutos pasan, pasan, pasan. Ese momento jamás llega. Jamás.
Caigo de rodillas sobre el pasto y lodo, apretando contra mí pecho un manojo de tus flores favoritas: claveles jaspeados.
Sobre mi piel congelada gotean mis lágrimas saladas y calientes. Miro a mis costados. Estoy sola. Completamente sola.
Grito. Grito hasta sentir mi garganta ensangrentada y desgarrada; golpeo con mis nudillos intentando romper esa placa con tu nombre. Ignoro el dolor de mis manos.
¡Sal de ahí! ¡Sal! ¡Vámonos a casa a tomar chocolate caliente y a leer! ¡No puedes quedarte aquí solo, bajo la tierra!¡Te morirás de frío!¡Por favor, sal de una vez!
Es inútil; no puedo romper esta estúpida cosa de mármol y tampoco tengo el permiso de sacarte de aquí sin una orden de los peritos forenses.
¿Porqué te fuiste?¿Porqué?¿Porqué me dejaste sola aquí? Tengo frío y mis ojos están demasiado hinchados. Ya no quiero llorar, pero no puedo dejar de hacerlo.
Me recuesto sobre el lodo permitiéndole al llanto del cielo cobijarme y lavar mi piel.
Tienes frío ¿verdad? Yo también. ¿Tienes hambre? Yo igual. ¿Necesitas un papel y un lápiz para escribir lo que estás viviendo porque tu mente es demasiado frágil? Estamos en la misma situación.
Busco en mi chaqueta aquella agenda de anotaciones que te pertenecía hasta hace dos noches atrás y que, en un perfecto balbuceo sobre tu lecho, pediste que me quedara con ella.
La observo, la deposito sobre la placa de mármol y la cubro con las flores que traigo… pero luego anulo la acción. Tomó la libretita y la huelo: tiene tu aroma, hasta podría jurar que conserva tu calor tan sincero y fraterno. La guardo rápidamente al interior de mi chaqueta antes de que la lluvia quiera empaparla tan como lo hizo conmigo.
Me levanto sucia y enlodada pero no me interesa en lo más mínimo. Abandono a paso lento este lugar donde tu cuerpo quedará para siempre, mientras tu espíritu regresa al lugar de donde vino para cuidarme.
…
Ahora estoy en mi cama, aseada, limpia y en pijamas. Una comedia está a punto de pasar por la televisión. Mis manos y mis pies están tibios gracias al chocolate caliente con pan y queso derretido… pero mi corazón y yo no podemos estar más solos y fríos.

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