Llora cuando quieras lloras; no contengas tu tristeza
...
Cuando estés agotado te prestaré mi hombro para que descanses
...
Oro para que no llores en tus sueños.
Yo sé que volarás alto en tu vida...
Ella llevaba muchas semanas sin verlo, sin oír su voz, sin siquiera recibir un mensaje de su parte y su corazón dolía.
Tal vez demasiado.
Cada noche en el silencio de su habitación oraba sin cesar por él, por sus sueños, sus metas y por su bienestar. Sabía que la universidad y la relación con su padre no estaba del todo bien, pero ella creía en él y en su capacidad de seguir adelante. La melodía del piano cambiaba de medio a alto y ella, con ojos cerrados, hacía los acordes sin problemas.
Cuando sientas que no puedes respirar,
cierra tus ojos por un momento
y piensa en tu futuro...
No le interesaba que todo ese público le aplaudiese, ella sólo quería que él escuchara todo lo que tenía para decirle en esa canción.
... La tristeza demostrada en tus ojos no se perderá,
en tus sueños aparecen nubes negras, pero sonríe.
¡No guardes tu dolor nunca más!
Sólo lánzalo hacia el cielo, quiero llegar hasta el final...
Sí. Ella quería lanzar ese sentimiento al cielo, entregárselo a Dios para que hiciera lo que mejor le pareciese, pero no podía. Ese sentimiento de nostalgia, de querer verlo, de abrazarlo y de extrañarlo no parecía haber sido recibido por Dios, más bien, parecía que esa era una forma en que la estaba ayudando a crecer.
La música del piano cesó, su voz también acompañada de aplausos y lágrimas que rodaban por sus mejillas hasta morir en la tela de su vestido blanco. Miró por entre el público, esperanzada de que hubiese llegado a oírla cantar su canción para él.
Pero no fue así.
El presentador le entregó un ramo de flores y llamó enseguida al siguiente número; ella abandonó el escenario, pasando tras bambalinas; su corazón aún dolía, pero ella sabía que aunque volviese a nacer le volvería a elegir.
Él siempre sería el ú n i c o.

No hay comentarios:
Publicar un comentario