Entró corriendo a su cuarto, se puso el primer polerón oscuro que encontró y salió del hotel por una puerta del servicio para ahorrarse el sermón de su editora.
Apuró el paso hasta llegar a un paradero de taxis, subió a uno desocupado, pagó al conductor y este emprendió la carrera al barrio negro de Nueva York.
Mientras el Sol iba muriendo dramáticamente entre el cielo, el mar y la ciudad, ella volvió a revisar el mensaje en su teléfono sonriendo como una quinceañera enamorada ¿Hace cuánto que no hacía ese tipo de locuras? La última vez su cabello no era tan largo, su edad era 17 y no 21... pero el dueño de su corazón seguía siendo el mismo.
- Is here.- dijo derepente el taxista, sacándola de sus pensamientos.
- Thank you.- respondió ella con una enorme sonrisa
Se halló sola en una larga calle abandonada, inundada de graffitis, industrias clausuradas y basureros asaltados por gatos... y un muchacho tan alto como ella.
Afinó la vista, reconociendo enseguida los ojos diminutos, el cabello negro y los anillos en sus manos...
corrió, corrió, corrió y corrió hasta aterrizar en aquellos brazos firmes que la habían envuelto infinitas veces tiempo atrás con las lágrimas corriendo por su cara.
Se miraron como si el mundo no existiera a su alrrededor.
- Recibiste mi mensaje ¿verdad?
Ella sacó el teléfono de su pantalón, mostrándoselo.

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