lunes, 26 de enero de 2015

Teu Amor Me Libertou.

Desperté gritando, con el cuerpo perlado de sudor y las pestañas húmedas.
Nuevamente, los demonios venían a privarme del descanso y de la inconsciencia: el primero de ellos delgado, alto, de colores que van desde el petróleo al alquitrán, acostumbra a alejarse a leguas de mí para después aparecerse frente a mis ojos y jugar con mi corazón.
El segundo es peor. Es como un arco iris, brillante y perfecto, cálido, destila miel de lo dulce que es; me lleva para todos lados como si fuese un carro de montaña rusa, llenándome de angustia...
El tercero es similar a un cerdo; es sucio y cada vez que me lo encuentro en mis pesadillas se acerca con una sonrisa de payaso: falso y burlesco.
Los tres consiguen llevarme al pasado, a mi pantano, a ese lugar al que no quiero regresar. Me abrazo las piernas entre las sábanas, miro por la ventana a la Luna, permitiendo que me ciegue unos instantes para comprobar que sólo era un sueño...
Unos pasos veloces se escuchan por el pasillo mientras la puerta se  abre de golpe: ha aparecido él.
- Linda ¿qué pasó?- se me acerca, sosteniendo su calimba en las manos mientras se sienta frente a mí. Su peluca de rizos le luce más despeinada que lo usual y las ojeras bajo sus iris color Patagonia me indican que lo saqué de su ensayo.
Quiero hablarle, contarle lo que soñé y disculparme por asustarlo, que vuelva a su música... pero en vez de palabras sólo salen un montón de lágrimas de miedo, de temor.
Él deja la calimba a un lado, estrechándome ente su pecho y su cuello. Sus dedos, azulados de tanto ensayar se enredan en mi pelo.
No quiero llorar. No quiero asustarlo; pero es inevitable. Ahora entiendo cuando dicen que "El Diablo y sus demonios no piden permiso para nada".
Pero estando ahí, abrazada a él, siento menos miedo; no siento soledad y las lágrimas que ahora aparecen sólo de alegría.
Él se acomoda sobre el cubrecamas, consiguiendo no perder la posición que tenemos. Escucho como entona una canción conocida par nosotros, una de las primeras que me hizo escuchar cuando nos conocimos y que me gusta.
Mis ojos se van cerrando, el aroma a madera dulce que emana de él me lleva a un descanso real, al fin del miedo; porque cuando él canta aquella melodía, sé que los demonios huyen, desaparecen y entienden que ambos somos libres de ellos a causa de un  a m o r  i n f i n i t o.

                                         


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